jueves, 25 de noviembre de 2010

El Prado.

Caminaba con tranquilidad por aquél prado tan vivaz, me acerqué a unas flores que llamaron mi atención por sus brillantes tonos anaranjados y amarillos. Cuando pude darme cuenta me encontraba trotando y el cielo comenzaba a nublarse sobre mí, el césped marchito parecía no acabarse nunca y un fuerte rugido me pereseguía desde cerca. Comenzaba a entrar en pánico cuando miré hacia abajo y no encontré el suelo. Ya no estaba en el prado, mis pies flotaban y un aroma dulce me embargó. Todo lucía tan sereno, tan diferente a la sensación que acababa de experimentar, pero la calma duró apenas un segundo cuando un revoltijo de imágenes y sonidos me aturdió a tal punto que comencé a ahogarme y di un salto.
Me encontraba en mi habitación.
No era la primera vez que había tenido ese sueño, de hecho ese prado se había convertido en un lugar familiar para mí hacía semanas. Al comienzo lo veía todo muy borroso, apenas distinguía los detalles del lugar pero con el tiempo fui capaz de ver cada vez más y más cosas hasta el punto de ser capaz de plasmar esa imágen en un papel. Lo extraño del asunto es que jamás visité ese prado, ni siquiera sé si existe en verdad.

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Montevideo, Uruguay
Soy una persona con mucha energía e imaginación. La danza y el teatro son mis pasiones y la escritura es una parte muy importante de mi vida. Mi familia y amigos son todo para mí.