viernes, 7 de octubre de 2011

El roble-

Yo era consciente de mi extraña "habilidad", la superdesarrollada inutición que poseía y que me guiaba día a día. Sabía que iba más allá de la buena suerte, pues cada corazonada, por más irracional que pareciera, siempre terminaba por suceder. Sin embargo, yo ignoraba el hecho de que aquella ligeramente extraña cualidad que tan normal era para mí, algún día me transformaría en lo que algunos consideran un "fenónemo".
Desde niña había convivido con ello, cada día de mi vida, cada noche antes de dormir y cada mañana al despertar. Todas las semanas de todos los meses de todos los años, una corazonada tras otra. Presentimientos que con el tiempo llegué a dejar de percibir y que tienen completo control de mi cuerpo. Pues nací sin la constante necesidad humana de tomar decisiones, aunque las tomaba, no estaba en mí la decisión, sino en mi intuición.
¿Cómo se siente? De hecho es bastante más aburrido a todo aquello que se puedan imaginar, nada de visiones ni magia. Simplemente una sensación apenas perceptible, similar a lo que sentimos cuando nos enfrentamos a la extrema calma justo antes de una fuerte tormenta. Es sutil pero está. Eso fue lo que siempre sentí, algo tan leve que no llegaba a un cosquilleo, excepto la semana pasada.
Fue así que comencé a sospechar sobre mi identidad, pues jamás olvidaré lo que sentí aquella mañana. Era un martes, un día de temperatura y clima casi perfectos, nada fuera de lo normal. Durante todo el día sentí una ligera pesadumbre y un mal presentimiento que me obligó a salir de la casa a dar un paseo.
El sol rodeaba el prado otorgándole a la hierba un destellante brillo dorado, todo parecía ideal, sin embargo aquél presentimiento oscuro no se alejaba de mí. En mi ignorancia le otorgué aquellos retorcijones al examen de matemáticas del día siguiente, nunca imaginé lo que iba a suceder a continuación.
Todo en mí me decía que me alejara del enorme árbol marchito frente a mí, pero al mismo tiempo mi cuerpo avanzaba sólo hacia él. Era completamente diferente a la viva belleza de todo lo que existía en aquél prado. Un enorme roble marchito, sin hojas y con tres cuervos dispersos en sus ramas. Ellos me observaban. Nunca dejé de acercarme, como si existiera una fuerza que me succionara, lo cual comenzó a alarmarme.
Estaba a menos de dos metros del árbol, mi mano comenzaba a extenderse para acariciar su seca corteza grisácea. Las llemas de mi dedo lo rozaron y juro que jamás en mi vida experimenté un dolor como el que sentí al entrar en contacto con aquel roble. Un centenar de imágenes corrieron hacia mí, una vorágine que me golpeó en el estómago e impactó mis costillas. No podía respirar, no podía ver nada más que el rostro de mi padrastro y el accidente que lo llevaría a la muerte.
Mis ojos se abrieron, los tres cueros volaron tan alto que los perdí de vista entre las nubes. Puede parecer una locura, pero estoy segura que con ellos se llevaron las almas de los tres inocentes que murieron en aquél accidente automovilístico. Mi padrastro, su mejor amigo y el conductor de la motocicleta que impactó con su camioneta.
Mi primera premonición, el primer indicio de mi locura.

1 comentario:

  1. Clap, clap, clap, muy bueno, como siempre. Tienes una gran, gran imaginación, y una tendencia inequívoca al misterio, casi a lo siniestro. "El roble" no es apto para lecturas nocturnas. Por suerte lo he leído temprano en la mañana.

    Abrazo :-)

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Montevideo, Uruguay
Soy una persona con mucha energía e imaginación. La danza y el teatro son mis pasiones y la escritura es una parte muy importante de mi vida. Mi familia y amigos son todo para mí.