miércoles, 28 de noviembre de 2012

Stage.

Hay situaciones, distintos sucesos que nos afectan de forma inimaginable y nos hacen sentir cosas que jamás creímos sentir. Son tan fuertes las emociones que nos mueven que son irremplazables e irrepetibles. Para mí, algunas de esas cosas que me mueven más que nada son, por ejemplo, un beso de la persona que amo. O hacer el amor con él, esas son dos cosas que me hacen sentir de una manera diferente. Ver a toda mi familia reunida y feliz, eso también me mueve, ya que no nos vemos tan seguido las pocas veces que nos juntamos todos me siento muy feliz. Pero hay algo que me mueve mucho más que nada de lo que me haya sucedido en toda mi vida. Nada bueno ni malo a lo largo de estos diecinueve años me ha hecho sentir de la misma manera que esas nueve situaciones. Ocurrieron en distintos años, distintos meses, distintos lugares y con distintas personas. Pero el regocijo, orgullo, emoción, todo lo que recorrió mi cuerpo y mi mente en esos momentos fue muy similar. Hablo de estar en un escenario. Hablo de bailar y actuar frente a muchísimas personas y que, al terminar, éstas se pongan de pie en un aplauso ferviente. Sentir que lo disfrutaron tanto como yo... bueno, imposible disfrutarlo tanto. Porque solo entiende de lo que hablo aquél que lo vivió alguna vez. A todos nos gusta la aprobación del resto en algo que hacemos bien ¿No? Bueno, esto sería como un millón de aprobaciones de la persona a la que más admirás, al hacer algo que amás con toda tu alma ¿Se entendió? Estos últimos dos días tuve la oportunidad de bailar con un grupo de más de ciento setenta artistas. Músicos y cantantes muy reconocidos, bailarines increíbles y un staff maravilloso. El espectáculo tuvo lugar en uno de los escenarios más importantes de mi país, un escenario que no pisa cualquiera. Y uno que, sin duda, yo no esperaba pisar. La magia que tiene ese lugar es indescriptible, desde el camarín hasta el mismo escenario. Pero nada, nada de lo que sentí en mi vida se compara con lo que sentí cuando hicimos la reverencia final y pude observar al público, al telón cerrándose sobre mí y dejando detrás a un centenar de personas llorando de felicidad y corriendo a abrazarse cuando ya no estábamos a la vista de la audiencia. En ese momento pensé: Magui, sacá una foto mental porque no sabés si algún día vas a volver acá.
Tengo esa foto mental guardada con mis mejores recuerdos... agradezco a Dios por la oportunidad de vivir esto, con estas personas y en ese lugar. Nunca voy a olvidar lo que viví, cuanto me divertí y todo lo que disfruté. Gracias a la danza por darme tantos momentos como estos.

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Montevideo, Uruguay
Soy una persona con mucha energía e imaginación. La danza y el teatro son mis pasiones y la escritura es una parte muy importante de mi vida. Mi familia y amigos son todo para mí.